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ASAMBLEA CONTINENTAL GUARANI

MINGA INFORMATIVA, 20.02.2006 13:50


Minga Informativa de Movimientos Sociales
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Asamblea Continental Guaraní
Actos por los 250 años de la muerte del
líder guaraní Sepé Tiataju

Minga Informativa de
Movimientos Sociales


Con la participación de más de mil delegados/as de los pueblos
guaraní de Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay se
desarrolló, del 3 al 7 de febrero, en el municipio de San Gabriel,
Río Grande do Sul, Brasil, la Asamblea Continental Guaraní, con
ocasión de los actos conmemorativos de los 250 años de la
muerte del líder de la resistencia Sepé Tiataju contra los ejércitos
de España y Portugal.

Para participar en esta conmemoración se dieron cita más de
cinco mil personas que se instalaron en el Parque Tradicionalista
de San Gabriel, divididos en cuatro campamentos: el indígena, de
la juventud, de la Vía Campesina y de las Quilombolas. Los
jóvenes fueron los primeros en iniciar sus actividades, el día 3. En
la mañana del sábado, 4, los 700 jóvenes presentes asistieron a
una charla sobre la historia de los Siete Pueblos de las Misiones y
de Sepé Tiaraju, para luego proseguir con grupos de estudios
durante la tarde.

Sepé Tiaraju fue asesinado en combate el 7 de febrero de 1756 en
la región llamada Batovi, actual municipio de San Gabriel. Relatos
de la época señalan que el líder guaraní fue muerto por una herida
de lanza de un portugués y un tiro de un español. Tres días
después, liderados por Ñenguiru, cerca de 1500 indios fueron
masacrados por portugueses y españoles.

Desde el domingo 5, misioneros e indígenas han identificado las
cuestiones comunes de la realidad de los guaranís en los
diferentes estados de Brasil y en países como Argentina y
Uruguay.

Los países de América del Sur donde viven los guaranís tienen en
común un estructura agraria altamente concentrada y un modelo
de producción que refuerza esta característica, pues adoptan el
monocultivo para la exportación como principal actividad del
campo. El principio de la propiedad privada, que rige la división de
la tierra en estos países, choca con la visión de mundo del pueblo
Guaraní, basada en la concepción de que la tierra fue creada para
uso colectivo, de todos los seres que en ella viven. "En Argentina,
la mayoría de las tierras es considerada propiedad privada de
grandes empresas", afirmó la misionera de la pastoral indígena de
Argentina, María José Ramírez.

Por el hecho de que las tierras habitadas por este pueblo eran, en
general, de suelo fértil y ricas en especies de maderas, ellas
fueron ocupadas desde el inicio de la colonización. En este
proceso, que en Brasil comenzó por el litoral atlántico, muchos
indígenas fueron migrando hacia el interior del país en dirección a
las fronteras del oeste. Entre tanto, los guaranís de Argentina y de
Paraguay tomaron el camino hacia las fronteras del este de los
países. El proceso comenzó en Brasil, en el siglo 17, cuando los
bandeirantes cazaban a los indios para utilizarlos como mano de
obra en las reducciones. En Paraguay, el proceso fue semejante,
pero se desarrolló de forma un poco más lenta. Sólo las tierras
situadas en Argentina fueron ocupadas más tarde, sobre todo en
los siglos 19 y 20. La consecuencia más visible de esta migración
es que hoy un gran número de guaranís vive en regiones de
frontera. Pero también allí los espacios que habían restado
intactos fueron ocupados en la última década por las plantaciones
de soja.

La devastación de las tierras trae también consecuencias
culturales porque, en la visión Guaraní, todos los seres que nacen
de la tierra son vivos y, si el territorio es destruido, esta población
tiene dificultad para encontrar sentido para la vida en este
ambiente.

Otro problema común a los guaranís de todo el continente es la
creación de unidades de conservación en los lugares donde ellos
viven, precisamente porque son espacios donde aún hay bosques
originarios. Hay diversos casos en que el acceso de los indígenas
a los parques es negado o, por lo menos, es motivo de disputa.
Ejemplos del problema en Brasil son el Monte del Hueso, parque
municipal de la ciudad de Porto Alegre, que es tierra reivindicada
por los guaranís, y los indígenas que fueron expulsos de la tierra
Ocoí, situada en San Miguel del Iguaçu, RS. Estos últimos, de
hecho, luchan por la tierra después de que han sido expulsados
por la construcción de la hidroeléctrica de Itaipú, en la década de
1980.

El problema se repite en Argentina."Allá, muchas comunidades
sufren con la deforestación indiscriminada y con el robo de
madera, principalmente las comunidades que están dentro de la
Reserva de Biosfera Yabuti, en la provincia de Misiones. Esta
reserva, creada por la UNESCO, tiene 250 mil hectáreas, engloba
los últimos reductos de la Selva Paranaense [semejante a la Mata
Atlántica] que quedan en el planeta. Hay nueve comunidades
indígenas en la reserva de la biósfera, pero la mayoría de las
tierras son de propiedad de empresas madereras, porque el
Estado argentino abre la posibilidad de explotación en este tipo de
reservas", dijo María José.

En los casos en que la tierra de los guaranís ya fue usada para el
ganado o para el monocultivo, el desafío de los pueblos originarios
y de los Estados nacionales, cuando estas tierras son finalmente
reconocidas como indígenas, es la recuperación ambiental. "Uno
de los grandes desafíos en Brasil es que los indígenas, cuando
consiguen tener acceso a la tierra, vuelven hacia tierras donde ya
no hay nada", afirmó Mario de Oliveira, del Consejo Indigenista
Misionero (CIMI).

Migraciones y la globalización del capital

En relación a las fronteras de los Estados nacionales, el paso de
los indígenas de una frontera a otra aún causa mucha reacción de
la sociedad no-indígena, que no entiende que una de las
características de ese pueblo es la movilidad dentro de sus
territorios.

Sin embargo, al mismo tiempo en que hay esta reacción, se
produce la compraventa de tierras en Paraguay por brasileños,
principalmente para el cultivo de soja. La práctica ha llevado a los
pueblos que viven del otro lado de la frontera a los mismos
problemas enfrentados aquí. Como la moneda brasileña es más
valorada en relación a la moneda paraguaya, hacendados
brasileños han invertido en tierras del otro lado de las fronteras, y
estas tierras son exactamente los lugares donde aún había
espacio para los guaranís que viven en Paraguay.

La construcción de hidroeléctricas es otro problema común entre
Argentina, Brasil y Paraguay. Ellas afectan a las comunidades
indígenas directa e indirectamente, destruyendo la pesca, la
medicina, las tierras. Itaipú es el ejemplo histórico, pero proyectos
recientes cuentan con el apoyo del gobierno brasileño, entre ellos
la construcción de la presa de Garabi, en el río Uruguay.

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