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DEMOCRACIA INDIGENA EN ECUADOR

Twpak Mayta, 02.03.2004 02:06


El movimiento indígena ecuatoriano ha sido una de las fuerzas fundamentales de la democratización del Ecuador. En los años noventa, su fortaleza se afincó en que junto a sus reclamos específicos presentó a la sociedad ecuatoriana una propuesta para todo el país; el desafío de que construyamos un Ecuador que reconociera su diversidad étnico cultural, que abriera su identidad a la vivencia de su pluri e interculturalidad. A diferencia de la mayoría de actores políticos del país, el movimiento indígena tuvo el mérito de proponer una visión nacional. Detrás de cada movilización y levantamiento, detrás de cada acción existió esa propuesta y ese reto. La Constitución de 1998 la recogió y la incluyó a su definición del Estado ecuatoriano.

El momento actual es totalmente diferente para el movimiento indígena. Los vestigios del proyecto de la interculturalidad sobreviven en el accionar de varios municipios gobernados por líderes indígenas pero ya no están en la agenda de sus movilizaciones a nivel nacional. La participación del movimiento indígena en el golpe de Estado a Mahuad y en la alianza electoral y primeros meses del gobierno de Lucio Gutiérrez ha implicado un duro golpe y erosión sobre su cohesión e imagen. Además de ello, no ha existido aún por su parte una autocrítica seria respecto de su responsabilidad ni tampoco claridad sobre las razones que llevaron a los indígenas a apoyar a Gutiérrez y luego romper con él.


De todas formas, su adhesión al grupo militar que derrocó a Mahuad, su matrimonio, quizá irresponsable, con Sociedad Patriótica para llegar al poder y su fracaso en los meses de co gobierno no han sido suficientemente explicados al país y han motivado, indiscutiblemente, un fuerte decrecimiento en su convocatoria y credibilidad hacia los sectores mestizos del país. En ese sentido, el movimiento indígena ecuatoriano atraviesa una situación ciertamente paradójica: tiene una inmensa capacidad de movilización pero carece de convocatoria y credibilidad política por fuera de su círculo; tiene la fuerza de paralizar el país pero se encuentra aislado.

Se ha planteado que estas movilizaciones abren el interrogante de si el ciclo de desgaste del movimiento indígena ha llegado a su fin, especulándose sobre si el movimiento podrá generar en el futuro la misma expectativa y adhesión que logró en la década pasada. La verdad es que resulta bastante difícil que aquello se repita. Lamentablemente, lo más probable es que las actuales movilizaciones representen un paso más en la crisis y desgaste del referente indígena de la política ecuatoriana. En el mediano plazo, ello pudiera tener muy serias implicancias en el porvenir de la democracia pues una de las características del proceso político de nuestro país ha sido que, a pesar de su exclusión histórica, el movimiento indígena pudo avanzar sus demandas y hacer realidad algunas de sus propuestas y ocupar incluso espacios de poder público pero dentro del sistema.

En contraste a lo sucedido en otros países, el Perú o los centroamericanos, por ejemplo, en el Ecuador la democracia hizo un espacio para la participación indígena y ésta, en consecuencia, no necesitó de opciones violentas o anti sistémicas para actuar políticamente. Si el movimiento indígena ecuatoriano no recupera su credibilidad y opciones políticas a nivel nacional, si su participación e incidencia llegan a taponarse sin remedio, en el contexto de la aún persistente pobreza y exclusión de la que es víctima, cualquier desen- lace puede esperarse. La suerte del movimiento indígena se encuentra atada al futuro del país y al de su democracia.


BIBLIOGRAFIA:
www.elcomercio.com
 http://www.elcomercio.com/noticias.asp?noid=86300&hl=true&f=2/18/2004


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