Estados ?nacionales?. Fotocopias mentales y t
rep. KR, 12.03.2005 20:24
Manifestamos la contradicción de fondo que enfrenta la expresión de la necesidad de INDEPENDENCIA con la ausencia de un ?discurso sobre el estado? que, lógicamente, tendría que formar parte del concepto de ?independencia nacional? y de renovación del modelo de desarrollo.
El asunto encendido en el pequeño debate en Euskal herria Indymedia sobre la entidad nacional de los pueblos originarios de América, con relación a las sublevaciones en el estado neocolonial de Bolivia ( http://www.euskalherria.indymedia.org/eu/2005/03/19840.shtml), esconde una cuestión de mucho calado: el reconocimiento por parte de organizaciones y corrientes políticas, sociales y de pensamiento crítico de la realidad y función del estado nacional. De la institución ?estado?.
Desde luego, es un tema, o una contradicción, que tiene orígenes muy explicables: las dos grandes tendencias dominantes del pensamiento político crítico metropolitano, el comunismo y el anarquismo, se han generalmente enfrentado a la cuestión ?del estado? de una forma todavía primitiva y limitada. Por un lado, simplificando mucho, los anarquistas han desde siempre negado un posible papel ?constructivo? de una institución estatal, mientras que las corrientes de pensamiento ?marxiano? y socialista, reconociendo en general la necesidad de una institución central para la organización de una sociedad, se han circunscrito al desarrollo de teorías de ?Conquista del Poder? y, como mucho, de reforma del ?Estado? clásico.
Los resultados están a la vista: ningún movimiento social libertario ha conseguido organizar de forma estable una nación, y ningún movimiento socialista ha conseguido engendrar un estado de poder nacional que no refleje casi todas las características de la forma de estado burguesa (por muy ?socialista? que se quiera autocalificar: URSS, Cuba, China?).
Tanto es, que la cuestión esencial del estado aparece casi siempre, en el pensamiento crítico (popular, socialista, indígena, obrero, de liberación nacional, etc.) como algo muy incorpóreo, difuminado, sin programas, discursos, tácticas y estrategias que conlleven aunque sea una mínima plasmación alternativa de cara a la construcción de un ?nuevo estado?. Es o aparece simplemente como tabú.
Más aún, nos encontramos ? en Euskal Herria, por ejemplo ? enfrentados a una contradicción muy extraña y contraproducente: muchos pueblos que luchan para su autodeterminación nacional, y que llegan a plantear explícitamente la necesidad de independencia para asegurar su libertad y desarrollo, ni tan siquiera proponen líneas u ofertas concretas sobre esta cuestión. En pocas palabras, asumen pasivamente la remoción tradicional de los movimientos revolucionarios y de descolonización, con relación a la cuestión central de la gestión del ?nuevo poder popular? constituido, y ni tan siquiera integran en la idea de nuevo proceso constituyente nacional el tema de una nueva forma estado o de construcción de un nuevo estado ?esencialmente? distinto del anterior.
Llegamos así a la contradicción de fondo que enfrenta la necesidad (o la idea) de independencia con la ausencia de un ?discurso sobre el estado? que, lógicamente, tendría que formar parte del mismo concepto y proceso de ?independencia nacional? y de renovación específica del modelo de desarrollo: cultural, económico, social, biorregional?
Naturalmente, esto permite que los poderes reales tradicionales ? en términos económicos, sobre todo ? recojan los ?cambios? en su beneficio, manteniendo sustancialmente intactas las formas heredadas de poder, una vez establecido un nuevo marco geográfico de gestión. Es el caso de prácticamente todos los procesos de liberación nacional, generalmente liderados y realizados sobre la base de la aportación esencial de las corrientes populares más críticas y radicales, y que luego han concluido con la reinstauración de una forma de estado tradicional, socialmente opresora, centralizadora, de tipo capitalista (Argelia, Vietnam, Angola, Venezuela, y un muy largo y dramático listado de fracasos ?de liberación? y ?socialización? que tuvo su apogeo en las décadas centrales del siglo XX).
Así, a pesar de que en el caso Bolivia parece que nos enfrentamos con movimientos que sí plantean, al contrario, una nueva concepción de estado (en concreto por parte de una corriente política y social importante de la nación aymara), reproducimos nuestra propia visión subordinada de ?reorganización? nacional y de ?independencia?, no reconociendo que, cuando un pueblo lucha realmente por su liberación, sólo es creíble si plantea al mismo tiempo ? a través de los movimientos que lideran el proceso político y social ? un propia solución específica y muy concreta de la cuestión del estado. Si esto hiciéramos los vascos, algo más se nos respetaría en Europa?
Sin hablar de la forma de estado, de su función social, de sus contenidos reales en términos de desarrollo social y cultural, es imposible hablar de ?independencia?, y menos aún en un marco de globalización profunda y acelerada como la que nos subyuga a nivel planetario.
En vez de reproducir al infinito las viejas fórmulas ?de solidaridad?, ¿No habría llegado el momento de plantear, ENTRE PUEBLOS QUE LUCHAMOS PARA CONSEGUIR LOS MISMOS OBJETIVOS GENERALES, una solidaridad precisa sobre cuestiones muy concretas como esta, la del ?nuevo estado independiente?? Y, más aún: ¿Por qué hablamos de independencia, sin plantear ni tan siquiera teóricamente la cuestión del ?nuevo estado??
Y para terminar, con relación al debate señalado, ¿Por qué repetimos los vascos nuestros esquemas de sumisión a las ideologías y teorías dominantes ? por ejemplo con relación a la cuestión del ESTADO ? también cuando hablamos de otros pueblos subyugados como o más que el nuestro, a pesar de que SÌ allí tienen propuestas concretas para la superación del estado capitalista?
|