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CHINCHAISUYU: De Rumiñahui a la Conaie

Publica: Twpak Mayta, Edita: Kintto Lucas., 02.03.2004 23:44


UNO
La historia del movimiento indígena ecuatoriano se remonta a las primeras rebeliones contra la conquista, y aparece Rumiñahui que dirigió la resistencia contra la invasión española en 1535, o Jumandi que lideró la rebelión de los nativos de la Amazonia en 1578. Ya en época republicana se recuerda a Daquilema, que en 1872 inició el levantamiento de toda la provincia de Chimborazo, en la Sierra central, contra el gobierno conservador del presidente Gabriel García Moreno. Pero es en el siglo XX cuando los indígenas de distintas regiones del Ecuador comienzan a integrarse, y en las primeras décadas se destacan mujeres como Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña, quien creó el primer sindicato agrícola del país, dirigió la primera huelga campesino indígena en 1944, participó en la fundación de la Federación Ecuatoriana de Indios e inició las escuelas campesinas en las que por primera vez se enseñó en kichwa. Por esa ''osadía'' fue perseguida y encarcelada.


Tuvo que pasar más de medio siglo para que el movimiento indígena volviera a irrumpir con firmeza en la vida nacional. En junio de 1990, los indígenas del Ecuador vuelven a sentirse fuertes cuando unidos en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) creada pocos años antes, realizaron el mayor levantamiento de la historia. Ocuparon carreteras, entraron en latifundios, detuvieron soldados, no sacaron productos al mercado, tomaron oficinas públicas, realizaron movilizaciones y concentraciones. Como reacción inmediata el ejército salió a la calle, hubo algunos enfrentamientos, penetró en las comunidades, golpeó y baleó defendiendo a los terratenientes, a pesar de que el presidente socialdemócrata, Rodrigo Borja, se mostró partidario del diálogo.

Además de transformarse en un hecho simbólico porque fue la irrupción indígena en la política moderna, el levantamiento de 1990 provocó un remezón interno en las fuerzas armadas que iniciaron un proceso de acercamiento con el pueblo indígena a partir de un trabajo social de sus oficiales y tropa más vinculado a la comunidad.

En octubre de 1992, con la consigna ''No bailaremos sobe la tumba de nuestros abuelos'', los indígenas caminaron desde distintos puntos del país para recordar en Quito los ''500 años de resistencia indígena''.

De allí en más, el movimiento indígena ecuatoriano se convirtió en el movimiento social de mayor trascendencia en Ecuador y uno de los mejor organizado de América Latina. El único capaz de paralizar totalmente el país de un día para otro, y referencia obligada en la vida política ecuatoriana. Miguel Lluco, dirigente histórico de los indígenas asegura que ''la realidad plural del país se manifiesta cuando el indígena surge como actor importante en la vida sociopolítica del Ecuador. Se asume que el 'otro' existe y que tiene sus diferencias y sus derechos''.

DOS

El poder de convocatoria y la creciente influencia que fue tomando el Movimiento Indígena en sectores no indígenas hizo madurar la idea de participar electoralmente. Las discusiones sobre el tema en las comunidades duraron más de un año entre 1995 y 1996.

Hubo ciertas dificultades en ponerse de acuerdo debido a que había posiciones encontradas. Desde quienes querían transformar a la Conaie en un partido político, hasta los que no estaban de acuerdo en embarcarse en las elecciones porque se podía desdibujar el papel del movimiento indígena y dejar de lado su lucha centrada en el trabajo organizativo desde las comunidades, la toma de tierras, la reivindicación cultural y étnica, y los levantamientos como medidas de protesta.

Luego de grandes debates y discusiones se decidió participar en el proceso electoral a partir de una estructura organizativa que pusiera de manifiesto la alianza de los sectores indígenas con otros movimientos sociales del campo y la ciudad.

Así, en las elecciones de 1996, nació el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik - Nuevo País, que en principio presentaría candidatos a nivel local y a diputaciones provinciales. Luego, las organizaciones sociales y las propias comunidades indígenas propusieron concurrir a la diputación nacional (hasta 1998 el Congreso unicameral incluía diputados provinciales que duraban dos años y nacionales que duraban cuatro como el presidente electo). Para eso había que participar también en la elección presidencial y como el movimiento no era un partido político, para cumplir con los requisitos electorales e inscribir las candidaturas nacionales se debía presentar 100.000 firmas.

Los candidatos se nombraron luego de una larga Asamblea y las firmas se juntaron en una semana, algo sin precedentes en Ecuador. Las organizaciones sociales propusieron como candidato a la presidencia al periodista Fredy Ehlers, quien tenía una trayectoria vinculada a sectores progresistas, y como primer candidato a la diputación nacional al indígena kichwa Luis Macas, con amplia trayectoria en las luchas sociales, uno de los fundadores de la Conaie y por ese entonces su presidente. Consultado sobre las razones del movimiento indígena para participar en esas elecciones, Macas señaló que era una forma más de lucha. ''Para las organizaciones hay varias formas de pelear por sus reivindicaciones ?argumentó-. Están los levantamientos, a los que recurrimos cuando son necesarios, la educación bilingüe kichwa-español para rescatar nuestro idioma y las elecciones son una forma más de lucha. Hasta ahora no se había visto la necesidad de participar electoralmente porque el proceso de organización no estaba consolidado. Ahora decidimos enfrentar el reto''.

Macas explica que la esencia de Pachakutik es la unidad en la diversidad. ''Dentro de él están los trabajadores de la ciudad, los campesinos no indígenas, los ecologistas, los sectores afroecuatorianos, los indígenas'', dice.

En esas elecciones Ehlers queda tercero tras el populista Abdalá Bucaram, y el derechista Jaime Nebot. Macas logró aglutinar el voto indígena, un sector que generalmente no concurría a votar por no sentirse representado y el de los sectores progresistas y de izquierda de las ciudades. Su campaña electoral fue puerta a puerta recorriendo comunidades y barrios. Las dificultades económicas no permitieron a Pachakutik hacer propaganda televisiva y optó por la publicidad en radio. Sin embargo obtuvo el 10 por ciento de la votación.

Elegido presidente en la segunda vuelta electoral, Abdalá Bucaram inició un proceso destinado a fracturar al movimiento indígena ofreciendo cargos y dinero a algunos dirigentes regionales, lo que provocó una reacción inmediata de la Conaie que se transforma en factor fundamental de las movilizaciones previas a la destitución, en febrero de 1997. El entonces diputado, Miguel Lluco, junto a otros dirigentes populares ocupa la Catedral de Quito en una acción que se transforma en el inicio del fin de Bucaram, A finales de ese mismo año, la Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Constitución ecuatoriana vuelve a convocarlos.

Junto a la campaña electoral para elegir a los asambleístas, 10.000 indígenas de todo el país marchan hacia Quito para instalar junto a otros sectores sociales la Asamblea Popular encargada de elaborar un proyecto constitucional que sería asumido por los representantes de Pachakutik.

TRES

En Ecuador 3,5 millones de los 11,5 millones de habitantes son indígenas, repartidos en 11 nacionalidades. La mayoría viven en áreas rurales. La principal de ellas es la kichwa que habita en la región de la Sierra y la Amazonia u Oriente.

Las nacionalidades awa, chachi, epera y tsáchila residen en la costa del océano Pacífico. Las cofán, siona, secoya, huaorani, achuar, shuar en la Amazonia.

Los indígenas se basan en determinados valores ancestrales. Lluco, de la nacionalidad kichwa, pone de ejemplo al modelo comunitario y solidario que se practica hace cientos de años. Cuando una familia de la comunidad está en situación difícil, todos se unen para ayudarla.

Además, reivindican la ''minga'', como denominan el trabajo conjunto para construir una carretera o una casa o cosechar. ''Por eso decimos que nuestro movimiento está en 'minga por la vida''', comenta Lluco.

En cuanto a la experiencia electoral, destaca la gestión de las alcaldías. ''Una característica son las asambleas municipales, donde representantes de las comunidades analizan el presupuesto, priorizando necesidades y realizando un control y seguimiento de las inversiones'', dice.

La nueva Constitución reconoció los derechos colectivos de los pueblos y el carácter pluriétnico y multicultural del país. Junto con las reformas constitucionales se aprobó el Convenio 169 de la OIT, que reconoce los derechos de los pueblos indígenas. Lluco fue quien gestionó la aprobación del Convenio en el parlamento. ''Los principios básicos del convenio son el respeto a las culturas y a las formas de vida y de organización tradicionales de nuestros pueblos y su participación efectiva en las decisiones que les afectan'', afirma.

''Según el Convenio 169, los jueces que traten infracciones cometidas por indígenas en juzgados comunes tienen la obligación de acudir a normas, costumbres y a la cultura indígenas para que sirva de atenuante a la hora de sentenciar'', comenta.

Además, se reconoce que los pueblos indígenas pueden, a través de sus autoridades, ejercer funciones jurisdiccionales, resolver conflictos y administrar la justicia en base a su tradición comunitaria.

''Es necesario armonizar las leyes y establecer niveles de competencia para que no se interpongan o contradigan las leyes indígenas a las nacionales'', aseguró Lluco.

También se reconoce el uso oficial de los idiomas. Si un indígena debe hacer un trámite en una oficina pública y no sabe el castellano, los funcionarios tendrán que atenderlo en su idioma. ''Hemos tenido avances en lo cultural y político, pero en lo económico seguimos postergados. En el marco de una orientación plural del Estado, se debe reorientar los fondos públicos hacia la economía de los sectores populares y los pueblos indígenas'', comenta Lluco.

Pachakutik se ubica a la izquierda del espectro político, según Lluco, que de inmediato aclara que la organización no tiene nada que ver con la izquierda tradicional, porque ésta siempre tuvo su mirada fuera del país y no entendía al movimiento indígena. ''Somos pueblos que estamos en lucha por consolidar una propuesta distinta que es la construcción del estado Plurinacional'', asegura. El pedido de Ecuador como país plurinacional ha sido interpretado por algunos sectores como la división geográfica en varios estados.

Lluco dice que el Estado Plurinacional es uno solo, con pluralidad jurídica en los territorios donde están asentados las nacionalidades indígenas y su derecho a decidir política, económica, cultural y socialmente.

''No sé desestructura el territorio nacional, pero otorga a nuestros pueblos otros niveles de decisión y autonomía, como establece el Convenio 169'', comenta.

CUATRO

En 1998 se elige como presidente el demócratapopular (democratacristiano) Jamil Mahuad. Pachakutik logra seis escaños en el Congreso y la diputada indígena Nina Pacari es nombrada vicepresidenta de la legislatura.

En los meses que van desde noviembre de 1998 a febrero de 1999 quiebran cinco bancos y el Estado asume sus deudas desembolsando más de 1.500 millones de dólares. Muchos piensan que el sistema financiero queda saneado, pero, el lunes 8 de marzo, Banco del Progreso, el más importantes de la Costa, estaba con problemas de liquidez.

Como el gobierno no tenía dinero en caja para salvarlo, y ante la presión de los grupos financieros de Guayaquil, el presidente de la República, Jamil Mahuad, decretó feriado bancario por una semana, decretó el alza de los combustibles y congela por un año los depósitos en cuentas corrientes y de ahorro mayores a 200 dólares. El movimiento indígena en alianza con los taxistas paraliza el país y Mahuad da marcha atrás en el alza de los combustibles.

Pero la crisis se profundiza, y en julio luego de una nueva suba de combustibles se produce otro levantamiento junto a los taxistas y otros sectores. Más de 15.000 indígenas llegan a Quito para exigir que se revean las medidas. Luego de una gran movilización en la capital y que 50 nativos (entre los que se encontraban los dirigentes indígenas Antonio Vargas y Ricardo Ulcuango y el dirigente campesino Jorge Loor), dialogaran durante diez horas con Mahuad, la Conaie logra nuevamente sus objetivos y el presidente da marcha atrás en la suba y acelera el descongelamiento de los depósitos retenidos en marzo.

''Hemos demostrado la fuerza que puede tener la unidad de las nacionalidades indígenas, junto a los campesinos, las organizaciones sindicales, y urbano-populares'', señala Ulcuango.

''El pueblo no se levanta cada tres meses. Tiene momentos y cuando lo hace hay que escucharlo. Cuando protesta contra medidas antipopulares como las que instrumentó el actual gobierno, hay que respetar su decir'', dice Lluco.

CINCO

Paralelamente a la profundización de la crisis económica y la efervescencia indígena, desde inicios de 1999 se comienza a gestar un descontento en parte de la oficialidad progresista de las fuerzas armadas que reclama acciones para poner fin a la corrupción de los banqueros, tales como encarcelación para los que permanecían en el país y pedido de extradición para aquellos que habían huido al exterior.

El gobierno hace oídos sordos y los mandos militares tampoco insisten en el pedido de los oficiales, creando un malestar generalizado y abonando a la gestación de una futura rebelión.

Con apenas el 8 por ciento de popularidad Mahuad ensaya un cambio intentado unificar a la derecha, los empresarios, los banqueros y los grandes medios de comunicación. Anuncia el 9 de enero de este año la dolarización de la economía ecuatoriana. Es la gota que derrama el vaso y sirve para que indígenas y militares se muestren contrarios al gobierno. El 10 y 11 la Conaie junto a otros movimientos sociales instala Parlamentos Populares en todas las provincias y el Parlamento Nacional de los Pueblos del Ecuador en Quito. El 15 de febrero se inicia el levantamiento indígena y popular por cese de los tres poderes del Estado. Los oficiales dan un ultimatun a los mandos y de ahí a la insurrección fue solo un paso. El levantamiento desemboca el viernes 21 en la toma del Congreso por parte de los indígenas, que cuentan con el apoyo de oficiales de las Fuerzas Armadas que se rebelan contra el gobierno.

Los líderes de la sublevación cívico-militar instalan en la mañana una Junta de Salvación Nacional, integrada por el coronel Lucio Gutiérrez, el presidente de la Conaie Antonio Vargas y el ex presidente de la Corte Suprema de Justicia Carlos Solórzano, y desconocen a los tres poderes del Estado.

En la tarde, el general Carlos Mendoza, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas pide la renuncia a Mahuad, que abandona el palacio de gobierno para que los jefes militares se instalen en el lugar.

En la noche, los integrantes de la Junta marchan hasta la sede del gobierno acompañados de miles de manifestantes para entablar conversaciones con Mendoza que mantenía el control de la mayoría parte de las unidades militares. Los sublevados reciben el apoyo de una parte del ejército, el movimiento indígena y las organizaciones sociales, que continuaban las protestas en las calles, con tomas de gobernaciones y edificios públicos en varias provincias.

A la una de la madrugada del sábado, los mandos militares llegan a un acuerdo con los insurrectos mediante el cual Mendoza pasa a integrar la Junta. Tres horas después éste junto a los mandos militares dan un Golpe de Estado y hacen asumir como presidente al vicepresidente Gustavo Noboa.

''Mendoza traicionó al movimiento indígena y popular, y se puso al servicio de los corruptos que gobiernan este país'', comentó Vargas.

''Luego de comprometerse a respetar la voluntad de un pueblo que pide en las calles terminar con los banqueros corruptos y los politiqueros de siempre, Mendoza dio marcha atrás ensuciando su traje militar, pero los indígenas mantendremos nuestra movilización y seguiremos vigilantes'', añadió.

El coronel Gutiérrez fue detenido en la madrugada del sábado por personas vestidas de civil que dijeron pertenecer a la inteligencia de las Fuerzas Armadas y la esposa del militar, Ximena Bohorquez, denunció a los medios de comunicación que temía por su vida. En las horas siguientes fueron detenidos otros oficiales que también fueron puestos a la orden de la Justicia Militar. Por su parte la Ministra Fiscal de la Nación, Mariana Yepez, solicitó al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Galo Pico, que iniciara proceso y decretara la prisión preventiva de Antonio Vargas, Carlos Solórzano y los diputados Paco Moncayo y René Yandún por su participación en la rebelión.

El presidente de la Conaie aseguró que el levantamiento indígena no ha sido un fracaso porque se ha confirmado la fuerza organizativa y el poder de movilización. ''Hemos demostrado que somos una fuerza. Recogimos varias enseñanzas de esta insurrección, por lo que no volveremos a cometer los mismos errores de creer en traidores como los mandos militares'', aseguró. El dirigente también dijo que la unidad y la paciencia del movimiento Indígena demostraron que es posible un levantamiento totalmente pacífico para lograr cambios y pidió a la Corte Suprema de Justicia que en caso de le informe cuándo debe presentarse en la cárcel. ''Aquí estoy. No voy a correr, porque no soy banquero, ni empresario, ni uno de los que robaron plata del pueblo y corrieron a Estados Unidos'', dijo. El dirigente argumentó que para encarcelar a todos los que participaron tendrán que construir cárceles gigantes, ''porque somos millones en el campo y en las ciudades''.

Macas asegura que nada impedirá que los indígenas ecuatorianos sigan construyendo el poder. "Ushay", en kichwa el poder, es perfeccionar las condiciones de vida, es la capacidad de desarrollarnos colectivamente, desde el aporte de los distintos espacios'', dice mientras mira a sus hermanos cuando inician la marcha de regreso a sus comunidades. Pero la historia no termina, solo vuelve a comenzar... una y otra vez, desde el mismo fuego, vuelve a comenzar.

(El texto pertenece al libro La Rebelión de los indios, Editorial Abya Yala, Quito, 2000)


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