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YA VOLVIMOS SOMOS MILLONES, JALLALLA

MOVIMIENTO GENERACIONAL TAWANTINSUYU, 11.09.2003 23:39


Pedro Mamani Choque

Al iniciar esta reflexión desde nuestro ser interior, desde la raíz de nuestro origen, procurando aprender de la memoria histórica de nuestros antepasados, se hace fundamental recordar aquella frase que Tupac Katari gritó a viva voz: ?UN DÍA VOLVERE Y SEREMOS MILLONES?


YA VOLVIMOS Y SOMOS MILLONES
La construcción identitaria del ser andino

Una frase que para cada uno de nosotros, se ha convertido en la luz y la meta a la que tenemos que llegar. El gran caudillo indígena, mártir de la codicia blanca, a pesar de sentirse vencido, con la frene en alto y con el orgullo de ser hombre de esta tierra, no dio fin a su misión, sino por el contrario inicio una nueva etapa de lucha, que por cierto no concluyó con su muerte, fue el comienzo de una nueva.

Ya volvimos, estamos aquí, somos millones y dispuestos a continuar nuestra lucha, es verdad que han transcurrido muchos años, en la que hemos tenido que vivir en oscuridad y silencio, confundidos en nuestra propia tierra, atrapados por el dolor y la humillación. El silencio y la oscuridad, el miedo a gritar la verdad, ha sido el motivo para que tengamos que pagar un precio muy alto, sumiéndonos en el olvido de nuestro ser, convencidos por la dominación, hemos cerrado nuestros ojos, apretando los dientes para no ser pisoteados en nuestro ser.

Ya el tiempo ha pasado, hemos despertado del silencio y de la oscuridad, nuevamente estamos de pie, listos para continuar; es hora de dejar las lamentaciones (el estar sujetos a los mismos pensamientos de dominación colonial), de seguir cerrando los ojos, de callar nuestra verdad. El momento ha llegado, es tiempo de decir quienes somos, es el momento de recordar nuestra memoria histórica, de saber el principio de nuestra raíz de ser y existir.

La memoria de nuestra historia, el construir nuestro ser andino, que nos permitirá mostrar a los otros, lo que somos nosotros; de alguna manera somos distintos, no somos iguales a los otros y esa diferencia nos permite ser lo que somos. Del ayer, al ahora, estamos reconstruyendo el gran ayllu, nuestro propio territorio, nuestro ser en sí mismo.

Finalmente, somos la esperanza de nuestro pueblo, ya volvimos y somos millones, pero ¿qué estamos haciendo para construir nuestra identidad andina?, ¿cuál será nuestro compromiso para construir nuevamente nuestra identidad?, porque el tiempo ya ha llegado y estamos aquí.

1. ¿QUIÉNES SOMOS?

En el mundo existimos una gran diversidad de seres humanos, tan distintos unos de otros, que muchas veces nos confundimos en medio de tanta diversidad, en este sentido se hace importante y necesario, reconocernos e identificarnos en lo que somos y sobre todo quienes somos. En medio de tanta diferencia, ha sido fácil olvidar nuestro ser verdadero, puesto que con frecuencia corremos el riesgo de confundirnos y olvidar nuestro ser en sí.

La experiencia de vida que nos ha tocado vivir, tras la invasión colonial, ha significado sin lugar a dudas, un motivo para no ser lo que somos; es así que ser indio o indígena, se ha convertido en motivo de vergüenza y rechazo a nuestro ser andino, procurando ignorarlo y olvidarlo, para refugiarse y encubrirse en el ser del otro dominante, es por eso que el indígena prefiere ser reconocido como ciudadanos o mestizos, pero no indio. Esta actitud de no querer ser indio, de ninguna manera se puede condenar ni criticar; puesto que ser indio, por lo general ha tenido y tiene una connotación de ignorante, inculto, retrasado, marginado y sobre todo destinado a la servidumbre, a no tener la oportunidad de ser, a no ser aceptado en la estructura social, ser indio en sí mismo refleja una condición de exclusión, omisión y sobre todo de opresión.

La experiencia histórica de dominación, ha sido en todo sentido, motivo de no querer ser nosotros mismo, de reconocernos en nuestro ser interior; mas por el contrario nos ha llevado a refugiarnos en el ser del otro y así olvidar nuestra identidad. Es así que nos hemos olvidado quienes somos, qué somos y qué queremos ser; el olvido se ha convertido en un cascarón duro, provocando en nosotros un sueño perdido en la oscuridad.

En este juego del tiempo y el espacio, de la memoria y la historia, ha llegado el momento de decir, quienes somos; somos millones, pero quiénes somos, dónde estamos. Aquí estamos nuevamente, aymaras, quechuas, urus, chipayas, mapuches, y otros, que en cierta forma nos permite conocernos y mostrarnos como andinos.

2. NUESTRA MEMORIA

Ante todo el indio o el andino, tiene una historia, un pasado que se ha mantenido en la memoria de nuestros antepasados, a la que de una u otra forma debemos recurrir para conocer nuestro origen cultural; es en cierta forma el indagar en la visión de todas las dimensiones del cosmos; el explorar en su organización cósmica y su relación con ese cosmos; se constituye en el fundamento de nuestro ser andino y de nuestro existir como tal.

Nuestra memoria andina, aquello que nuestros antepasados nos han dejado como testimonio, es para nosotros el cimiento de nuestro ser; siendo que desde ella, hoy en día podemos conocer nuestra identidad, nuestros valores, nuestra historia y sobre todo nuestro ser andino. El pasado histórico, no es un tiempo perdido, sino que es un tiempo presente, es el punto de encuentro con nosotros mismos, es aquello que no permite ser lo que somos.

Del ayer, al hoy, estamos aprendiendo a reconstruir nuestra historia; conscientes de que el hoy significa un espacio distinto, con todos los cambios vividos, es verdad que nuestros ojos ya no son los mismos, sino diferentes, en la que nuestro corazón nos lleva a ser, otro nuevo; es en este sentimiento que nos volvemos a encontrar con nuestra memoria histórica. Un nuevo espacio histórico, con ojos cambiados, hacemos un silencio profundo para encontrarnos a nosotros mismos, sumergiéndonos en el encuentro con la memoria de nuestra historia.

La memoria y el despertar, se están convirtiendo de alguna forma en el principio de nuestro ser, es así que desde nuestros ojos, desde nuestro vivir, el tiempo pasado se hace presente. Pero el tiempo presente sin la memoria de nuestra historia pasada, carece de sentido, carece de fundamento y de su esencia de ser; como hijos de esta tierra nos vemos en la necesidad de conocer nuestra historia, nuestra lengua, nuestros principios, nuestros valores y nuestro ser en sí mismo y desde ella comenzar a caminar hacia un futuro distinto, con el firme sentimiento de encontrarnos y reconocernos como andinos.

3. LA CONFUSIÓN

Entre el ayer y el hoy, el indígena andino ha tenido que atravesar una larga odisea, especialmente desde la invasión europea; odisea que de alguna forma se ha convertido en un despojo de su ser y existir; invasión y dominación que le ha significado vivir en una constante derrota y silencio en sí mismo. Aquella experiencia de invasión, el de encontrarse con alguien extraño, que no significó un espacio de convivencia, sino fue un momento de desencuentro, se convirtió en un espacio de confusión y desequilibrio en su ser interior.

Ese encuentro con el otro, que de ninguna manera fue de convivencia y equilibrio, significó para el ser andino, el inicio de un largo laberinto de confusiones y desequilibrios. Encuentro o atropello, se estableció como el principio del silencio y la oscuridad en el interior del ser andino.

El poder colonial ha marcado de manera negativa, en todo sentido en el hombre andino, un destino de olvido y resignación, obligándole a asumir un estado de inercia y pasividad frente a su ser en sí mismo; situación que, más que confusión es negación de su ser interior. Una experiencia de confusión que para el ser andino se ha constituido en un espacio de no ser y ser otro diferente.

La confusión y el laberinto, que sin lugar a dudas se ha convertido en un verdadero espacio de reflexión y de remordimientos, por el simple hecho de haber asumido la derrota y la dominación; sin embargo este espacio de confusión y laberinto se debe convertir en el momento de volver a preguntarnos: ¿porqué nos hemos sumido en el silencio y el olvido?,¿porqué hemos permitido ese desequilibrio y no hemos tenido el valor de mostrarnos y expresarnos a nosotros mismos?. En ese contexto de confusión y laberinto, en verdad es que se ha fundamentado y fortificado la pérdida de nuestra identidad andina.

4. SOMOS NOSOTROS

Hoy ha llegado el tiempo de volver a recordar ese grito de valor y dignidad: ?Volvere y seremos millones?; y con la frente en alto podemos decir que la profecía de Tupac Katari se ha cumplido. ?Ya volvimos y somos millones?; es en todo caso el tiempo de esperanza y de luz. Ya volvimos y estamos aquí, estamos listos para reconstruir nuestra identidad, no para volver al pasado sino que para que desde el, iniciemos una nueva historia.

El tiempo y la historia nos ha cambiado, es verdad que ya no somos los mismos, sino diferentes, no somos iguales a los otros, sin embargo no tenemos porque serlo, ante todo somos nosotros, idénticos a nosotros mismos, desde nuestro ser andino y desde nuestro ser hombres en este gran universo.

Estamos aquí, presentes en nuestro ser andino, con nuestra memoria histórica y sobre todo con nuestra historia presente; que a pesar de haber vivido un tiempo de silencio y olvido, hoy despertamos a la luz de un nuevo día. Es así que desde nuestro pasado histórico, estamos aprendiendo a construir nuestro presente, con presencia y con sentimiento, con el vivo deseo de decir que somos nosotros los que construimos nuestra futura historia, sin opresión ni dominación, sino con el firme sentimiento de ser nosotros mismos.

Somos nosotros, pero ¿quiénes?, una pregunta que en cierta forma se hace difícil responderla, puesto que no todos estamos dispuestos y obligados a responder, porque cada ser existente tiene el derecho a elegir y construir su propia identidad; el reconocer y decir somos, no implica la inclusión de todos, muy a pesar de tener un origen andino, quizás algunos no quieran reconocerlo e identificarse con el ser andino. Cada ser existente en este mundo, goza de la libertad de identificarse con el grupo de su preferencia, con aquello que desea ser y existir en cuanto tal siempre respetando las construcciones sociales y culturales.

Somos millones y estamos en todas partes, en las ciudades y en el campo, profesionales y agricultores, dirigentes políticos y autoridades originarias, constructores y comerciantes, artesanos y empresarios, hombres y mujeres y en otros espacios de vida, que de una u otra forma conformamos el ser andino. Sin importar el lugar, la condición y el espacio que ocupemos, estamos llamados a formar parte de los millones, a decir y proclamar que ya volvimos y estamos aquí.





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levantomos conciensia no mas detreminismos
12.09.2003 23:38
!BASTA ! no soy indio.....

NUESTRO RAZONAMIENTO ANALÍTICO Y CRÍTICO
Paradójicamente del adjetivo o apelativo "indio", que hoy criticamos por la práctica y el uso de la costumbre (como muchos otros), fuimos quizá entre los más fervientes usuarios (con amargura lo reconocemos). Hemos utilizado la palabra "indio" de variadas y distintas maneras, unas veces simplemente como un nombre común: "los "indios" del campo", otras con sentido poético, al declamar: "Niño Indio de los llanos, ven conmigo a jugar...", otras en sentido despectivo: "te ves como un "indio"; o peyorativo: "eres peor que "indio"; insultativo y/o humillante bastaba decirle: tenías que ser o tener ascendencia de "indio"; comparativo, como, al estar comentando sobre la actitud de alguien: "le salió lo "indio". La influencia de ese "alias" y del medio circunstancial y contextual fue tan fuerte y aun lo es, que decir todo lo indicado y mucho más, parecía y aun parece normal y no sentimos nada raro.

Al escuchar que escribíamos el presente ensayo, un colega nos hizo llegar el siguiente fragmento de un informe de Grünberg, Georg Frield: "Informe sobre los guaraní del Chaco Central paraguayo. Asunción 1972" .

"El significado que la denominación "indio" tiene en Paraguay, se evidencia notoriamente en una encuesta realizada... por el Centro de Estudios Antropológicos. 500 adultos de diferente formación fueron entrevistados en Asunción y en 3 capitales de Departamentos de la región oriental. A la pregunta, "¿Cuáles son las diferencias que Ud. encuentra entre los "indios" y nosotros?" Un 77% respondió: "Son como animales porque no están bautizados". Menos del 1% respondió: "Existen diferencias culturales". Y a la pregunta: "¿Qué opina Ud. sobre los "indios?" Respondió como sigue: "Son marginados de nuestra sociedad" (1%); "No tiene criterio" (10%): "Son seres inferiores" (86%); "necesitan ayuda" (3%).

Al analizar estos datos tan fríos nos invade un desasosiego, pues no debemos olvidar que Paraguay es uno de los países donde hay más mestizos y el idioma de los "indios" es mayoritario en las ciudades y el campo incluso entre la gente de "raza blanca".

Si aplicáramos una encuesta análoga a la anterior, juzgando a priori, podemos estar seguros que obtendríamos resultados semejantes o quien sabe aun más deprimentes.

Dicho de otro modo, esta palabra tenía y aun tiene una connotación más negativa que positiva. La palabra "indio" pareciera, o mejor dicho parece, ser el sinónimo de la peor casta o ralea, sinónimo de lo infrahumano que se lo usa desdeñosamente y una de las razones radica en que la sociedad criolla actual es heredera de la sociedad colonial cuya actitud inveterada es el trato desigual y racista hacia los nativos. Por más que en muchos países del continente, se hayan proclamado leyes de igualdad entre los ciudadanos, pueden más las actitudes heredadas de los antecesores de la época del virreinato.

La palabra "indio" ha permitido crear una pirámide segregacionista y explotadora, no sólo desde la llegada de Colón y sus seguidores, mas también por otros venidos de otras latitudes del orbe, coadyuvando a diezmar a los nativos como en Argentina y Uruguay bajo el lema de que el "indio es malo" por consiguiente "el único "indio" bueno es el "indio" muerto". Cinco siglos después de la llegada de los avasalladores y pese a que muchas legislaciones han cambiado a lo largo y lo ancho del "continente americano" hay todavía un substrato ideológico bien encarnado que sigue alimentando ese orden segregacionista.

Aparte de lo que se dice hizo Fray Bartolomé de las Casas u otro religioso a favor del "indio", realmente ignoramos si hay algo que sea positivo a favor de ese "indio", por ejemplo, lo que narra la historia: "... y el Inca fue apresado junto a los "indios" que le acompañaban en Cajamarca", o, lo que el representante de la iglesia católica Hernando de Luque "....recibió 70 "indios" (por no decir vasallos) en las primeras repartijas que hubo en el cacicazgo de Perequete de Panamá en año 1522". Sin viajar tan lejos en la historia. No hace mucho, oír, a alguien decir: "tengo 200 "indios" en mi hacienda, equivaldría a decir tengo 200 esclavos.

Como lo dijéramos en otro párrafo tomando nuestro contexto y leyendo artículos de prensa de la década de los 50, sobre la única cosa que podríamos llamar buena que hizo en Bolivia el Movimiento Nacionalista Revolucionario -MNR- siguiendo la inspiración trostkista de Tristán Maroff , fue abolir por completo esa servidumbre gratuita llamada "pongueaje" que utilizaba el criollo feudal. Pero en contrapartida, el Ministerio de Educación y Asuntos Campesinos a título de "educación" mediante la repartición gubernamental llamada Educación Fundamental, que más tarde se llamó Educación Rural, les quitó su identidad lingüística y la personalidad que aun conservaban, castellanizándolos en lugar de instruirlos en su lengua nativa , por lo que hoy esos llamados "indios" no hablan bien el castellano, ni su lengua materna. Seguramente esa misma tienda política dirá que le dio el voto universal, pues bien, el tal llamado voto universal no benefició sólo a los "indios" sino a todos los analfabetos mayores de edad, hombres y mujeres en edad de votar, porque hasta el año 1950 tenían derecho al voto sólo quienes sabían leer y escribir o firmar con su nombre y apellido. Sin embargo, la misma historia nos muestra que ese llamado "derecho de votar", fue sólo eso y no un derecho a elegir. El M.N.R., mañosamente tomó el color rosado encendido para el color de su papeleta de sufragio en elecciones también amañadas, haciendo que la papeleta sea inconfundible con la de los partidos políticos oponentes, esto porque si hubiera sido de un solo color el analfabeto y en su caso el "indio" no hubiera elegido a los candidatos del M.N.R dada la costumbre de que hasta las elecciones del 50 la boleta de sufragio era de un solo color. Los militares golpistas que luego se hicieron demócratas como Barrientos y Banzer aprendieron bien la lección y se hicieron llamar defensores de los "indios", a continuación los partidos políticos actuales mejoraron esas artimañas y hoy seguimos votando, pero no eligiendo.

Razonando con más detenimiento y observando nuestras propias expresiones y parafraseando las mismas, jamás, hemos dicho: "pareces un español" en lugar de "pareces un indio", para herir sentimientos, humillar, hacer sentir como la escoria; menos preciar con "se le salió lo español" por "se le salió lo indio" o, "tenías que ser hijo de español" en vez de "tenías que ser hijo de indio"; "eres peor que un español", ni que decir "tenías que ser español" a modo de insulto. Menos aun decir tengo 200 españoles, para indicar que tengo 200 esclavos. Pese a que estamos conscientes de esa realidad y para no enfrentar la cultura del desdén y menosprecio, ¿quien se atreve a decir orgullosamente "SOY DE ASCENDENCIA INDIGENA o, POR MIS VENAS CORRE SANGRE DE INDIO?". Por el contrario, en cualquier circunstancia quien se manifiesta dice: "a mucha honra soy de ascendencia española" o "por mis venas corre sangre española". Como si tener ascendencia o sangre española lo haría de una clase superior y de alta alcurnia, cuando los que así se expresan ignoran que sus ancestros españoles (si lo eran), no provenían de ninguna familia noble ni estirpe superior (valga la oportunidad), muchos de esos españoles tienen otra ascendencia como la árabe o quizá hasta de uno de los soldados romanos que a su vez tenía sangre otomana. Por el contrario, desde el primer viaje de Colón, los que llegaron al "Nuevo Mundo" o "Indias Occidentales" (por seguir su léxico), no eran nada más que expresidiarios salidos de las mazmorras carcelarias españolas, en las que estaban (imaginamos) no por ser nobles señores y de alta alcurnia o en otros casos eran un vagos malentretenidos, rebalse social. Luego, ¿de qué podría alguien sentirse orgulloso por tener maleantes, malvivientes, criminales, o asaltantes como ancestros? Consideramos que quizá, eso puede explicar en parte, las atrocidades que cometieron a título de "catequización y redención o salvación" con la Santa Biblia una mano y con la espada en la otra, destruyendo todo, cual émulos de las hordas de Atila.

Intentando no ser tan negativos ni apologéticos, parece que los llamados "indios" -si alcanzaron la "salvación" -, fue después de una santa misa al salir muertos de los socavones de las minas a las que habían ingresado aun jóvenes o había fallecido extenuados por la labor agrícola. Esa misa era propiciada por un fraile catequista bendiciendo a los muertos para que el alma no ande en pena o se condene por su gravísimo pecado de ser "indio" y haber muerto expoliado en el trabajo fructífero del interior de una mina o en otros por no haber cumplido con las faenas agrícolas impuestas por el "encomendero".

Si nos hemos educado en la cultura del menosprecio y de la subvaloración a los nativos de nuestra patria y/o a los de otras latitudes ¿Cómo es que ha podido cambiar nuestra mentalidad?. Diremos que este cambio es producto de circunstancias y de vivencias como lo indicamos en la introducción.

Parecería bíblica nuestra experiencia (como la conversión de Saulo de Tarso), pues, allá por año 1955, cuando aun estudiantes mozalbetes, al vernos involucrados en lo que se llamó en ese entonces la "Revolución Universitaria" en la ciudad de Sucre y ser perseguidos por las fuerzas de inteligencia llamadas "Sección Segunda" de la Policía de Carabineros de Bolivia (fuerzas de represión política), dado que en esa ciudad no había embajadas ni legaciones extranjeras para dar refugio como en las grandes urbes, el único lugar seguro y alejado a donde le sería difícil llegar a la policía, era la campiña.

Fue allí, en un paupérrimo villorrio, a unos, 80 Km. por camino de herradura, que acudimos a refugiarnos, justamente en la casa de unos "indios", quienes nos acogieron con un calor humano sin precedentes.


En ese autoexilio, conocimos la realidad y la verdad. Allí, criticamos nuestra propia manera de ser, contrastándola con la magnanimidad de estos circunstanciales benefactores. Allí analizamos y comprendimos del enorme daño que les hizo, les hacemos y se les seguirá haciendo desdeñosamente con el alias de "indio", escudados en el famoso "error de Colon" y de los que les siguieron incrementados con los criollos fieles imitadores y suplantadores. Allí, al compartir: las faenas de sol a sol; los simples alimentos preparados con maíz y papas y enriquecidos con pedazo de cebo vacuno martajado y hervido en la llamada "lagua" que en los restaurantes citadinos le llaman "crema de maíz"; las hojas milagrosas de coca que maceradas por la saliva adosadas con lejía engañan al hambre o sirven para calmar un traumatismo al ser aplicados en el lugar golpeado.

Cuánto aprendimos sobre el valor de ser solidario; cuánto comprendimos sobre su forma de pensar, sentir y agradecer con amor a la tierra deificada en la "Pachamama", siguiendo rituales atávicos. Otro mundo contextual pero inexplorado se nos presentó, al aprender a hablar en su propia lengua, nos dimos cuenta que por el sometimiento con el que se les ha "alienado" con el título de "educación" por generaciones, ese "indio" no expresa lo que siente con facilidad y esconde lo que piensa, salvo, cuando en alguna ocasión y aprovechando alguna festividad religiosa patronal impuesta por la iglesia católica, otras, como el carnaval; el deceso de algún familiar o de un vecino y/o, a veces, al concluir la siembra o la cosecha de sus alimentos, insuflado por la "chicha" u otra bebida alcohólica, exulta ese sentir en canciones y música propias acompañado de su charanguito o su quena. Sí, en ese mundo muy propio de esa raza estoica se inicia nuestro conocimiento de la verdadera identidad del nativo que es infravalorado como persona, pero es utilizado como instrumento de producción.

La lengua qhiswa que aprendimos diríamos que es única comparada con las otras que conocemos y que tienen la misma estructura vocálica de I, U, A, no sólo de nuestro continente sino por ejemplo del Asia, en concreto la lengua okinawense -Japón- que también es llamada de dialecto.

Si un enamorado quisiera pedir amor a su posible futura compañera en castellano le diría: "ámame", esa misma expresión en qhiswa significaría: "munaway", pero sería un pedido imperativo y muy agresivo y no tendría la respuesta que el solicitante quiere, por tanto la endulza con un afijo intermedio y dice: "munakuway" que equivaldría a decir ¡Por favor ámame! Pero tampoco recibe la respuesta deseada, por consiguiente, hace un pedido aun más dulce y suave: "munariway o munaricuay" que equivale a ¡Por favor, por favor, ámame! E igualmente no es oído el pedido, por consiguiente, dice: "munaricullaway" que se convierte en ¡Por favor, por favor, por faaavooor, ámaaameee! Y sin mas requiebros, es aceptado. Esta última expresión muestra, el radical "muna" que viene de "munay" = amar o querer, no se ha alterado en ningún momento.

Posiblemente, todas las vivencias que compartimos con estos llamados "indios", y al verlos por las calles de la ciudad, a nuestro retorno del autoexilio, nos inspiraron para escribir estos versos, tomando como nuestro su perfil, sin embargo, para que no nos tilden de inconsecuentes por lo que hoy decimos, nos apresuramos en aclarar que, como en aquella ocasión aun, no habíamos pensado en iniciar la lucha por la reivindicación del nombre, esa la razón por la cual, los versos recibieron ese título de "Indio".


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INDIO

Mi piel terrosa y mi forma desgarbada al caminar
Mi vestimenta raída, sucia y mal oliente.
Espanta y avergüenza a mucha gente
A esa gente, que no sabe otra cosa que "expoliar".

El peso del trabajo, el trato con brutalidad,
la aculturación en la que fui sometido y abandonado.
Han hecho de mí, un ser menospreciado,
que pide a gritos su verdadera y libre personalidad

Me dieron el nombre de "indio", por un error
Soy Quichua, o Aymara, Guaraní o Chiquitano
Nacido en esta tierra, ahora soy boliviano
Sí, soy indio, que sobrevive con orgulloso valor

Soy el que labra la buena y protectora tierra
para extraer de su vientre, el fruto vital,
que debería alimentarnos a todos por igual,
pero, es usufructuada, sólo, por la clase explotadora.

Tuve un día, mucho más que los "reyes" de España.
Esos, que enviaron, a sus emisarios testaferros
Quienes llegaron a mi lar, cual hambrientos perros,
e insaciables en su latrocinio, sólo dejaron sus mañas.

Hoy percibes de mi andrajosa ropa el mal olor
Pero, ella olía a agua clara de manantial
Como el de los baños de la Cajamarca señorial
Lujo que los avasalladores no tenían, el honor

Ahora no sólo soy objeto de expoliación
De la dependencia del señor "feudo-gamonal"
He pasado a ser, instrumento "político-sindical"
Por traficantes de la "pseudolibertaria revolución".

Si, en una cualquier citadina calle, nos encontramos
No huyas, ni te avergüences de pararte ante a mí
Lo que tú ahora ves, no siempre fue así
Mirémonos de frente como seres humanos

Y si tienes el real "sentir cristiano" en tu corazón
Démonos, un abrazo fraterno de hermanos
Unamos nuestras fuerzas, para nuestra liberación
del "sistema" que hoy nos oprime a los bolivianos.


Al releer lo anterior, consideramos que hemos tomado un perfil muy timorato, quizá hoy la manifestación, sería otra mas aguerrida. Quien sabe cuando hayamos alcanzado nuestro objetivo y con el título adecuado.

El "error de Colón" por no decir la palabra "indio" o "indios" ha inspirado, antes que a nosotros, también, a muchos otros, que lo utilizaron para titular cualquier actividad, tema o estudio y sea, como "indio (s)", "indias", ""indígena" (s)" como veremos más adelante.


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INICIO DEL ERROR
Hubiésemos querido comenzar por ver dónde o cómo se inicia el famoso "error" de Colón", pero para no perdernos en elucubraciones insustanciales, siguiendo lo que los historiadores escriben, admitiremos como cierta la hipótesis de que Colón creyó haber llegado a las Islas Orientales. Nombre aplicado antiguamente al Sureste asiático, que abarca el subcontinente Indio, la península de Indochina y el archipiélago Malayo, especialmente Indonesia.

Por consiguiente intentar hacer otro recuento histórico de las circunstancias y/o los hechos que originaron el llamado "error" cuando hay toda una cultura ideológica detrás de él, consideramos que ello hubiera desviado la atención que tenemos puesta en las consecuencias de ese "error", a continuación presentamos algunas muestras de trabajos y artículos, en su título y contenido utilizando el denominativo "indio" o los derivados de ese inapropiado gentilicio como: "indígena", "indigenismo", "indigenista", etc. que nos impusieron a sangre y fuego, para ratificar lo que indicamos y para entender mejor el alcance de lo que pretendemos con el objetivo de no seguir siendo llamados "indios".

La imposición ha sido de tal magnitud que los propios nativos están convencidos de que son "indios" o "indígenas", y el "indigenismo" es su filosofía de lucha, o se le llama "indigenista" a quien se preocupa de la problemática o temática del "indio" llegando al extremo de manifestar con cierto orgullo "soy indio andino" o "soy indio de la selva cruceña". Expresiones que los lingüistas deberán estudiar y ver que se está cometiendo una aberración lingüística. Por ejemplo no sería más adecuado decir: SOY NATIVO u ORIGINARIO ANDINO, SOY NATIVO U ORIGINARIO DE LA SELVA o simplemente: SOY ANDINO o SOY SELVÍCOLA?.



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